28 abril, 2009

Vacaciones con Diego

Lo único rescatable de Amando a Maradona (documental argentino estrenado en 2005) era su irresistible afiche: una formación de Maradonas que posaban para la foto ostentando todos los looks posibles a través de los años adoptados por el Diez. Sin embargo ese póster terminaba resultando engañoso, dado que durante el metraje no habia desarrollo de retrato alguno. Sólo algunas pocas malas anécdotas y secuencias que, con pulso clipero, mostraban la ofrenda de distintos fans. Emir Kusturica con Papá salió de Viaje de Negocios, Tiempo de Gitanos, Gato Negro/Gato Blanco y Underground filmó varias veces la misma película; aquella en la que ponía en escena su mirada de un realismo mágico y truculento sobre el pequeño universo balcánico. Este derrotero de títulos creó cierto fenómeno que repercutió en una particular fascinación por las bandas de sonido de sus películas. Tiempo después Kusturica se convertiría en guitarrista de la “No Smoking Orchestra” ejecutando gran parte de aquel repertorio. En 2005 Emir y su grupo llenaron el Luna Park. Esas imágenes (que integran un dvd editado por la banda) son las que dan comienzo a “Maradona by Kusturica” siendo índice de la dudosa pertinencia y coherencia narrativa de lo que vendría luego. Más allá de la mera presencia de Diego, las escenas se suceden huérfanas de un trazo común que las reúna.
En desorientadora sucesión aparecen imágenes de “La noche del Diez”, el tren Anti-Bush a Mar del Plata (con otros integrantes como Evo Morales y Chávez), Maradona repitiendo alguna jugada en Belgrado junto al director y el testimonio de miembros de la Iglesia Maradoniana, sumados a un archivo visto hasta el hartazgo; el gol a los ingleses, jugadas en el Napoli y aquel infaltable registro de un Diego aun niño afirmando que su sueño era llegar a se campeón del mundo. En algunos casos Kusturica une con imágenes de sus películas la épica auto relatada por Diego durante distintas entrevistas. Este paralelismo resulta forzado y para colmo es subrayado por las metáforas de trazo grueso en off del propio director. De recursos más cercanos a un show televisivo que al documental, el retrato de Maradona por Kusturica se asemeja a un video de vacaciones, esas ensaladas de imágenes que se sirven para el deguste de los cercanos. Inclusive rebalsa de apariciones de amigos y familiares de ambos. La trascendencia de esas imágenes no supera la de la anécdota. Todavía recuerdo la presentación en Cannes, con Diego haciendo jueguito con lo que le tirasen. Todavía me acuerdo de Kusturica, cuando hacía algo parecido al cine.

25 marzo, 2009

Haciendo real el sueño imposible

Los momentos
Street Spirit con el coro de la gente.
El pogo durante There There: "We are accidents waiting to hapen" a pleno.
Experimentar en vivo el baile de Thom Yorke: altera los sentidos y contagia con intensidad radioactiva. Drum & Baires.
Las miraditas entre Ed O´brien y Colin Greenwood hacia la gente como diciendo "Qué al palo que están estos pibes".
El zapatillazo.
Los gritos
"Chetos!" dirigido a los Kraftwerk de algún espectador indignado.
"Viste que vine, boludo?" en un momento Thom Yorke estaba demasiado cerca y se lo tuve que decir.

22 marzo, 2009

Destrucción

Chris Cornell - Scream (2009)
Cumpliendo con esa vieja premisa que reza aquello de “quien avisa no es traidor” Chris Cornell aparece en la tapa de su último disco en impulso aéreo, a punto de destruir una guitarra eléctrica. Como queriendo exorcizarse de toda distorsión.
Scream se trata de composiciones desparejas que transcurren sin pausa ni descanso; cada track fluye en el siguiente. A los largo de las trece canciones se suceden innumerables sonidos y bases sampleadas de una elaboración y cocción que niega el crudo de los instrumentos grabados en vivo. Apelando al eufemismo, se podría hablar de un álbum experimental que apuesta a estribillos potentes en formato pop.
Chris Cornell y su elección de interpretar un álbum alejado del rock, abriendo su espectro a otros públicos y sonidos, recuerda a aquellos actores íconos del cine de acción que pasaron a protagonizar comedias familiares, acaso creyéndolo como un paso necesario en su carrera profesional. El resultado devuelve inevitablemente una imagen hecha añicos del artista, a la deriva luego de ese cambio de timón. El ícono se destruye en otro ámbito, se desintegra al entrar en ese offside de reconocimiento social, diría Oscar Steimberg.
Y es que estos experimentos resultan ser tan fallidos como olvidables.

09 marzo, 2009

Héroe, ebrio y perdido

La piratería en sus diversas formas y el constante incremento de precio en la entrada de cine dio lugar a que los grandes estudios tomen como estrategia la realización de películas basadas en comics y superhéroes. Este intento apuesta por un despliegue de grandes efectos que devuelvan al espectador a vivir la obra cinematográfica en su elemento: la sala de cine. Así es como desde hace algunos años este género ha bombardeado la cartelera con innumerables títulos. Claro que en esta gran oferta se pueden encontrar grandes películas (“Batman Dark Knight”, ambas “Hellboy”) y de las otras (“Daredevil”, “Los Cuatro Fantásticos”, la última “Superman”). El caso de Hancock se presenta extraño ya desde su planteo; un superhéroe (Will Smith) que, con look de homeless, sobrevuela sin capa y ebrio la ciudad de New York metiendo la pata cada vez que decide intervenir contra los malos. Es entonces que se topa con un asesor de imagen que ve una inmejorable oportunidad en la devaluada figura de este raro superhéroe, obligándolo a hacer buena letra para reivindicarse con la gente. Si bien mantiene algunas convenciones del género como el drama existencial que subyuga al superhéroe (en este caso Hancok no recuerda su pasado por lo que desconoce su origen) promediando la trama la película pega un volantazo argumental deviniendo en un triangulo de amor bizarro. Y es que la película dirigida por Peter Berg es ante todo impredecible; manteniendo ciertos mandamientos del género no deja de asumir riesgos de los que sale siempre en un vuelo alto, en principio errante pero finalmente victorioso, como el del propio Hancock.

08 marzo, 2009

Onda Vaga

Las canciones de los Onda Vaga nacieron en las arenas de Cabo Polonio, ciudad donde la única corriente es la del mar. De ahí su formación que prescinde de la electricidad: percusión, acústica, trompeta y canciones con voces a coro.
Sus letras son irresistibles himnos estivales en tono de mala vida, coloreados con guitarreadas de pantalones arremangados y hedonismo de hostel.
Trompetas que dan calor invocadas para los últimos capítulos de este verano: http://www.myspace.com/ondavaga

02 febrero, 2009

Estas igual!

Micky Rourke - Klaus Kinski.
La capucha de jogging del primero simulando el casco conquistador del segundo. Ambas melenas caen, con mayor o menor cantidad de tintura, sobre los hombros escudados en el chaleco protector. La línea entre personaje y realidad se vuelve difusa.
Si no te pasan "cosas" (El nivel de abstracción es adrede) luego de ver "El Luchador" es porque sos un cyborg y todavía no te avisaron.

01 noviembre, 2008

Androide Paranoide (Tomo lo que Encuentro)

Temor automatizado e inseguridad de las cosas en la ópera prima de Gabriel Medina. Play. Paisaje de distorsión edificado sobre la aceleración punk de bajo y guitarra. La voz fantasmal de Fidel Nadal irrumpe para terminar de levantar la atmósfera pesada de “El Féretro” de Todos tu muertos. Daniel Hendler, en plano que lo muestra de cuerpo entero, se mueve, baila y por momentos parece tener aplicado en sus movimientos un efecto que acelera su velocidad. Se estira y encorva para ensayar un playback pantomímico al tiempo que la cámara se aproxima sigilosamente. A esa altura de Los Paranoicos, el acercamiento hacia Luciano Gauna (Hendler) ya lo ha retratado como un escritor que anima fiestas infantiles (con un traje similar al que usa “Boo” para camuflarse en Monsters Inc), vive solo y, por sobre todas las cosas, es inseguro. A pesar no tener compañía en su departamento esconde su marihuana en la boca de un gorila de plástico y sigue todo un ritual de simulación para poder fumar un porro. La forma en la que se desenvuelve y cada uno de sus actos se encuentran marcados por la automatización de la timidez, el rencor y la introspección. Como si fuera un androide paranoide. Del otro lado, el opuesto, esta su amigo Manuel (Walter Jakob) como un personaje que porta la pulcritud del éxito en su rostro, recibe llamados de su madre y ostenta esa seguridad canchera de aquel al que no le comprarías un auto usado. Acaba de llegar de España luego de triunfar con la serie de televisión “Los paranoicos”, historia que le parece muy “familiar” a Luciano Gauna. La película dosifica la información con respecto a las sospechas. Incluso la escamotea. Cuando los dos amigos hablan sobre el guión de LG un “Vos no lo leíste, no?” hacia Manuel alcanza. No hay interés en explicitar si Manuel ha explotado la idea de Luciano o si en realidad se trata de una paranoica conjetura de este último. Cuando la novia de Manuel (Jazmín Stuart) abandona la casa de sus suegros luego de descubrir a su suegra revisando su equipaje comienza su relación con Luciano. Si bien ya lo había visitado en acompañada por su novio, aquí comienzan a relacionarse; van a un restaurante, ceden, se ponen de acuerdo en tomar una cerveza. Luciano la encuentra cuando le llevaba Rivotril por consejo de Manuel, quien lo llamó entendiendo que “tendría algo para que la puede ayudar”. Sofía termina por instalarse en casa de LG donde deja de lado su marcado hastío y se desenvuelve con soltura. Entre anfitrión e invitada no hay histeriqueo, ni insinuación. Sobrevuela una tensión que es percibida cuando Sherman, amigo de LG, se va raudamente luego de una fugaz visita entendiendo que debía dejarlos solos. La escena en la que Luciano y Manuel juegan a la XBOX tiene todos los guiños del enfrentamiento gamer. A saber; la fascinación ante las posibilidades del colmo de empatía que brinda un videogame al permitir diseñar personajes con los rasgos del jugador, la verborragia impune tanto en victoria y como en derrota, así como el desquite virtual de esa bronca que muchas veces va a parar debajo de la alfombra. Y es en esta escena que la película decreta un ganador mediante el “mano a mano” de una pelea de box virtual. Los paranoicos tiene una selección de canciones del indie rock local a las que le da un lugar central, de vital significación a lo largo del relato. Los primeros acordes de “Amigo Piedra” de El Mató a un policía motorizado iluminan la escena en la que el departamento de LG ha quedado a oscuras, dejando en segundo plano las habladurías de Manuel. De hecho la escena no se corta hasta que el tema alcanza el estribillo y Daniel Hendler cierra respondiendo a los comentarios de su amigo: “No sé; yo estaba escuchando la canción”. La dulzura de Hamacas al Río suena de fondo en la cocina para colorear el acercamiento entre Luciano y Sofía. Y en la escena culmine de la película será tiempo del electro pop de Farmacia (en un cameo que sigue la línea de El Otro Yo en Silvia Prietto y Jaime sin Tierra en Nadar Solo) haciendo “Nada de nada”(“Me vas a re-enloquecer, estoy tan solo y vos no estas”) que detonará la aproximación definitiva entre Sofía y LG; el movimiento in crescendo de Hendler (del head up al descalabre anárquico a lo Ian Curtis) sumado al baile sensual de Jazmín Stuart son una soga que tensa hasta que surge una última mediación desesperada desde la oscuridad. Tomar lo que es de otro se dice que es traición, que es delito. A la vez, perder lo propio tiene que ver con un descuido o un exceso de confianza. No obstante, hay casos en los que esa desantencion no es más que el paso necesario para que el agua siga su cauce para llegar a un lugar mejor; donde pueda ser y estar. Así como una idea debe salir del cajoneo eterno para volverse emoción tangible. Igual que esa persona que llega (o se vá) en busca de un abrazo.