Irrefutable seña particular del Conurbano, las “gaseosas truchas” tuvieron, allá por fines de los noventa, en la “Caribe” su prócer, pionera y fundadora. Hasta tuvo promociones onda tres tapitas = un vaso. De un día para el otro, los estantes de autoservicios se volvieron murales de botellas multicromáticas plásticas que exhibían gustos infames (pomelo rosado, guaraná) y que se ocultaban detrás de etiquetas con nombres a prueba de ingenio. Estas marcas apelaban a un saber popular y colectivo: “Ráfaga”, “Fillol” (acompañada por el dibujo de un Pato) ó ”Rodrigo” son tan sólo algunas de cientas. También tenían como particularidad el ser efímeras, uno podía verlas sólo una vez y la semana siguiente serían otras nuevas las que continuarían con ese afán de paráfrasis constante.13 septiembre, 2009
Mad Max Cola
Irrefutable seña particular del Conurbano, las “gaseosas truchas” tuvieron, allá por fines de los noventa, en la “Caribe” su prócer, pionera y fundadora. Hasta tuvo promociones onda tres tapitas = un vaso. De un día para el otro, los estantes de autoservicios se volvieron murales de botellas multicromáticas plásticas que exhibían gustos infames (pomelo rosado, guaraná) y que se ocultaban detrás de etiquetas con nombres a prueba de ingenio. Estas marcas apelaban a un saber popular y colectivo: “Ráfaga”, “Fillol” (acompañada por el dibujo de un Pato) ó ”Rodrigo” son tan sólo algunas de cientas. También tenían como particularidad el ser efímeras, uno podía verlas sólo una vez y la semana siguiente serían otras nuevas las que continuarían con ese afán de paráfrasis constante.08 septiembre, 2009
Nunca
Y al llegar a la estación de subte, él se despidió. Titubeó un poco y saludó torpemente. "Un gusto" le dijo. Ella sonrió y dió media vuelta.
Nunca habría un beso, tampoco llanto. Ni soñarían juntos.
16 agosto, 2009
Las enseñanzas de Don Shaman
Shaman y los hombres en llamas - En el Mundo de Fuego (2008)
Un amigo me habla de algunos discos que le pasé, pero se detiene particularmente en uno. Habla de cierto hipnotismo y de un deseo. Me muestra el dibujo que ilustra la portada, donde aparece un payador con rostro de un animal incierto ante un auditorio por lo menos curioso: una embarazada junto a niños disfrazados. Inocentes algunos, grotescos otros. “Y es más; yo soy ése” dice señalando a uno que tiene traje de pájaro. Y sonríe, hinchando los pómulos como hacen los chicos.
El álbum en cuestión era Diadema y fué la primera vez que recibí un comentario acerca de Shaman y los hombres en Llamas.
La figura de Shaman encarna la de un juglar que habita un western pampeano, poblado de pulperías que reciben sus canciones de melodías circulares, relatos que encienden personajes terminales y coros marca Morricone.
En el Mundo de Fuego arden payadas lisérgicas que anhelan escapes interestelares, mientras le piden al aire frío del mar tan sólo una brisa. La noche es un médium hacia el espacio; al presentarse nos cubre con ése oscuro manto estrellado que, como todos saben, funciona como muestra gratis del cosmos. La voz de Shaman es un aullido, sonido nocturno por definición, que convoca para el ascenso definitivo hacia un fogón lunar.
Escucharlo es pasar a formar parte de un auditorio crepuscular, onírico, orgullosamente transfigurado. Al tiempo que, desde el centro y como vanidoso punto de fuga, el semblante de Shaman, real, todo lo vigila con sus ojos de león.
*Shaman ofrece todos sus discos en descarga directa a través del sello virtual Mandarinas Records
03 mayo, 2009
Serra is a punk rocker
“De entrada, debo decir que, para mí, el guión carece de importancia. En el caso de El cant dels ocells tuve que escribir un simulacro para poder presentar el proyecto a las subvenciones.”
El director catalán Albert Serra es un provocador nato. Ensaya una filosa verborragia que lo lleva a declarar, por ejemplo, que si por él fuera mataría a destornilladorazos a todos los que hacen televisión, para que sufran de veras mientras desangran. Durante una de las charlas post proyección que brindó en el último Bafici, insistió en dejar claro que en su cine detrás de las imágenes no existe nada. No busca, ni tiene intención de significación alguna y mucho menos si de empatía con el espectador se trata.
“Mi deseo es el de hacer un cine tan simple que, en su interior no exista ningún poso de humanismo. Un cine en el que los seres sean figuras, que no tengan connotaciones humanas. Los tres reyes no tienen nombre, ni poseen ninguna personalidad psicológica.”
El cine de Serra niega cualquier tipo de apelación al público, que éste se identifique con algo de lo que suede en la pantalla. En la charla posterior a El Cant dels Ocells en Buenos Aires fué tajante: “Si esta película termina por gustarle a alguien, será por motivos puros”. Propone una vuelta del cine a su elemento, a su concepción más primal; la experiencia sensitiva de asistir a la puesta en escena de imágenes en movimiento con vitalidad cinética. Repasemos: la incómoda oscuridad de la escena nocturna de Honor de caballería, los tres reyes errando en el desierto sin que sepamos si van o vienen a través de los médanos (responsabilidad del efecto de esa imagen plana, impenetrable, que niega la profundidad de campo), ó la increíble escena lograda bajo el agua con los reyes nadando.
“El principal reto de la película consistía en que el misterio estuviera en todas las imágenes, que latiera como fuerza invisible sobre lo visible. Por esto, me gusta clasificar mi película como un ejercicio de búsqueda de un lenguaje mítico. Para mí, lo mítico parte siempre de algo muy simple, tras lo cual se esconde el misterio de algo muy complejo.”
Tanto la dupla Quijote/ Sancho como los Tres Reyes son personajes universales tomados para encarnar la reformulación que Serra hace de un esquema clásico como es el del camino del héroe. A través de su trayecto estos personajes no experimentan cambio alguno, no hay vindicación ni derrota. El proceso de transformación se encuentra invertido, volcado hacia el espectador que al experimentar la sumision a esos extensos planos no vuelve a ser el mismo. Según Marcos Vieytes, Serra “procura deliberadamente la irritación del público”(EA 198, Pág. 20). El espectador transita en forma exhaustiva e incómodo una travesía épica recorriendo un campo abierto y a la vez asfixiante. Los terrenos de Honor de caballería y El cant del ocells no parecen tener tiempo, ni pertenecer a espacio alguno. Señal que son eternos.
*Las frases textuales de Albert Serra se encuentran extraídas de una nota realizada para Cahiers du cinema España, Número 12, Mayo 2008
28 abril, 2009
Vacaciones con Diego
Lo único rescatable de Amando a Maradona (documental argentino estrenado en 2005) era su irresistible afiche: una formación de Maradonas que posaban para la foto ostentando todos los looks posibles a través de los años adoptados por el Diez. Sin embargo ese póster terminaba resultando engañoso, dado que durante el metraje no habia desarrollo de retrato alguno. Sólo algunas pocas malas anécdotas y secuencias que, con pulso clipero, mostraban la ofrenda de distintos fans.
Emir Kusturica con Papá salió de Viaje de Negocios, Tiempo de Gitanos, Gato Negro/Gato Blanco y Underground filmó varias veces la misma película; aquella en la que ponía en escena su mirada de un realismo mágico y truculento sobre el pequeño universo balcánico. Este derrotero de títulos creó cierto fenómeno que repercutió en una particular fascinación por las bandas de sonido de sus películas. Tiempo después Kusturica se convertiría en guitarrista de la “No Smoking Orchestra” ejecutando gran parte de aquel repertorio.
En 2005 Emir y su grupo llenaron el Luna Park. Esas imágenes (que integran un dvd editado por la banda) son las que dan comienzo a “Maradona by Kusturica” siendo índice de la dudosa pertinencia y coherencia narrativa de lo que vendría luego. Más allá de la mera presencia de Diego, las escenas se suceden huérfanas de un trazo común que las reúna.
En desorientadora sucesión aparecen imágenes de “La noche del Diez”, el tren Anti-Bush a Mar del Plata (con otros integrantes como Evo Morales y Chávez), Maradona repitiendo alguna jugada en Belgrado junto al director y el testimonio de miembros de la Iglesia Maradoniana, sumados a un archivo visto hasta el hartazgo; el gol a los ingleses, jugadas en el Napoli y aquel infaltable registro de un Diego aun niño afirmando que su sueño era llegar a se campeón del mundo.
En algunos casos Kusturica une con imágenes de sus películas la épica auto relatada por Diego durante distintas entrevistas. Este paralelismo resulta forzado y para colmo es subrayado por las metáforas de trazo grueso en off del propio director.
De recursos más cercanos a un show televisivo que al documental, el retrato de Maradona por Kusturica se asemeja a un video de vacaciones, esas ensaladas de imágenes que se sirven para el deguste de los cercanos. Inclusive rebalsa de apariciones de amigos y familiares de ambos. La trascendencia de esas imágenes no supera la de la anécdota.
Todavía recuerdo la presentación en Cannes, con Diego haciendo jueguito con lo que le tirasen. Todavía me acuerdo de Kusturica, cuando hacía algo parecido al cine.
25 marzo, 2009
Haciendo real el sueño imposible
Los momentos Street Spirit con el coro de la gente.
El pogo durante There There: "We are accidents waiting to hapen" a pleno.
Experimentar en vivo el baile de Thom Yorke: altera los sentidos y contagia con intensidad radioactiva. Drum & Baires.
Las miraditas entre Ed O´brien y Colin Greenwood hacia la gente como diciendo "Qué al palo que están estos pibes".
El zapatillazo.
Los gritos
"Chetos!" dirigido a los Kraftwerk de algún espectador indignado.
"Viste que vine, boludo?" en un momento Thom Yorke estaba demasiado cerca y se lo tuve que decir.
22 marzo, 2009
Destrucción
Chris Cornell - Scream (2009)
Cumpliendo con esa vieja premisa que reza aquello de “quien avisa no es traidor” Chris Cornell aparece en la tapa de su último disco en impulso aéreo, a punto de destruir una guitarra eléctrica. Como queriendo exorcizarse de toda distorsión.
Scream se trata de composiciones desparejas que transcurren sin pausa ni descanso; cada track fluye en el siguiente. A los largo de las trece canciones se suceden innumerables sonidos y bases sampleadas de una elaboración y cocción que niega el crudo de los instrumentos grabados en vivo. Apelando al eufemismo, se podría hablar de un álbum experimental que apuesta a estribillos potentes en formato pop.
Chris Cornell y su elección de interpretar un álbum alejado del rock, abriendo su espectro a otros públicos y sonidos, recuerda a aquellos actores íconos del cine de acción que pasaron a protagonizar comedias familiares, acaso creyéndolo como un paso necesario en su carrera profesional. El resultado devuelve inevitablemente una imagen hecha añicos del artista, a la deriva luego de ese cambio de timón. El ícono se destruye en otro ámbito, se desintegra al entrar en ese offside de reconocimiento social, diría Oscar Steimberg.
Y es que estos experimentos resultan ser tan fallidos como olvidables.
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